ODECIS para tu rubro

Hay operaciones que un sistema general no cubre, y no por falta de módulos: porque la unidad con la que trabajan no es la que el sistema entiende.

El que vende geomembrana no vende unidades, vende rollos que hay que calcular. El que faena aves no vende un pollo: convierte un animal vivo en producto, y el negocio se le juega en kilos que aparecen y desaparecen. El que vende a crédito no cierra la venta cuando entrega, la cierra dieciséis cuotas después, cobrando en la puerta del cliente.

Para eso existen las líneas de ODECIS. Esta página cuenta cómo se construyen de verdad, porque no es como suele contarse.

Ninguna nació de un brief

Ninguna de nuestras líneas salió de una reunión de producto ni de un estudio de mercado. Todas salieron de estar adentro de una operación real, viéndola trabajar.

La primera relación de Alfactor empezó con una página web sencilla, por un monto que hoy da ternura. Después vino el sistema. Después la digitalización del almacén, contando y cargando lo que había en los estantes, uno por uno. Recién ahí, con meses de estar mirando cómo esa empresa cotizaba, apareció el problema real: el vendedor calculaba a mano cuánta geomembrana entraba en un reservorio, y cada error de cálculo se comía el margen de la obra.

Esa es la Calculadora de Geomembrana. No fue una idea: fue lo que quedó cuando alguien miró el trabajo el tiempo suficiente.

Con el crédito en campo pasó lo mismo. Nació analizando el modelo de venta real de una distribuidora de muebles: veinte por ciento de inicial, dieciséis cuotas semanales, comisiones distintas para el vendedor y el cobrador, y una regla propia de la casa que dice que si la inicial no se completa en cuatro semanas el vendedor no cobra comisión. Nada de eso está en ningún ERP del mundo. Estaba en la cabeza del dueño y en un cuaderno.

📌 La consecuencia práctica para ti: si tu operación tiene una regla rara que ningún sistema entiende, eso no es un obstáculo para trabajar con nosotros. Es exactamente el material del que salen las líneas.

Qué es una línea, y qué no es

Una línea no es el mismo sistema con otro color y otro nombre. Tampoco es un plan más caro con los mismos módulos, ni un desarrollo a medida.

Es capacidad que no existe en el sistema base, más límites pensados para lo que ese rubro consume de verdad. Y hay una regla que la separa del trabajo a medida: se generaliza, no se replica. Lo que se construye para una operación se construye para que sirva a las demás del rubro. Por eso una línea no se muere cuando el cliente que la inspiró deja de estar: queda dentro del producto, se mantiene y mejora con cada versión, como el resto del sistema.

También se poda. Una línea muestra lo que ese rubro usa y esconde lo que no. Un sistema lleno de menús con candado que nunca vas a abrir es un sistema que cansa.

De quién es lo que se construye

Esta es la pregunta que todo el mundo tiene y casi nadie hace en voz alta. La respondemos en tres capas, y es el mismo trato para todos:

  1. El motor es nuestro. El código de la calculadora, del módulo de créditos o de lo que toque, pertenece a Alfactor, igual que el resto de ODECIS. Se puede ofrecer a otras empresas del rubro.
  2. Tu configuración es tuya. Tus fórmulas, tus precios, tus reglas, tus márgenes y tus datos son cien por ciento tuyos y no salen de tu cuenta. Nunca.
  3. La exclusividad es un acuerdo aparte. Si no quieres que la capacidad que ayudaste a definir se le ofrezca a un competidor tuyo en tu zona, eso se conversa, se acota por territorio y se cobra. No viene incluido, y decirlo antes es más honesto que descubrirlo después.

Lo escribimos así porque la alternativa es peor: un cliente que asume que compró exclusividad sin haberla pagado, y un proveedor que asume que puede vender lo mismo a la vuelta de la esquina. Las dos suposiciones terminan mal.

Riego y geomembrana: la que ya está corriendo

Es la línea construida y en producción, nacida de una operación real de riego tecnificado y geomembrana en el norte del país.

Su capacidad propia es la calculadora de geomembrana: el vendedor cotiza por rollo y por metro cuadrado, con los traslapes y el desperdicio que el cálculo a mano siempre termina errando. Y no es un accesorio: en ese rubro conviven dos negocios distintos dentro de la misma empresa. El riego son muchas ventas chicas, de flujo constante. La geomembrana son pocas ventas grandes, por proyecto, donde una sola línea de venta vale decenas de las otras. Un sistema que solo sirve para una de las dos patas no le sirve a nadie de ese rubro.

Los topes de esta línea salieron de medir esa operación durante meses: subió lo que de verdad apretaba (usuarios y tamaño de catálogo) y se dejó el volumen de ventas igual que el plan general, porque un negocio de obra vende poco y grande, no mucho y chico. Ese es el criterio completo: no se infla lo que se ve bonito en una tabla, se sube lo que muerde.

Tiene su propia página con el detalle: riego y geomembrana.

Crédito y cobranza en la calle: la otra que ya corre

Vender a crédito y cobrar puerta a puerta no es una variante de vender en mostrador: es otra operación. Hay un cronograma por cada venta, cobradores asignados por zona, plata que se recibe en la calle y comisiones que dependen de lo que se cobró de verdad, no de lo que se facturó.

Está construida y corriendo. El cobrador entra desde su teléfono, ve las visitas de su día y registra el cobro con GPS y foto en el momento en que ocurre. Como esas zonas son pueblos donde no hay señal, todo eso funciona sin internet y sincroniza al volver.

Hoy corre con más de 3,500 créditos activos, sobre 12,900 gestionados desde 2024, en una operación real: una distribuidora de muebles a crédito en la selva peruana, con más de 20 zonas de cobranza y una decena de cobradores en la calle.

Y una parte de esa implementación no fue software: fue configurar y entregar los doce teléfonos con los que hoy trabajan los cobradores. Cuando hace falta para que la cosa funcione, se hace.

Distribuidoras y avícolas: en construcción, y lo decimos

Las dos tienen alcance definido, precio y posicionamiento cerrado. Lo que todavía no está terminado es justamente lo que las hace especiales, así que preferimos escribirlo acá antes de que alguien lo descubra después de pagar.

Distribuidoras. Su capacidad central es la aplicación del vendedor en la calle, con autoventa desde el furgón, funcionando sin señal. Está definida y no está construida. Lo que sí existe hoy y le sirve a una distribuidora es el resto: cargas vehiculares, control de lo que sale y vuelve en el camión, cobranza en campo y facturación.

Avícolas. Acá la distinción importa: el que despieza transforma un producto en varios, y eso ya está construido. El que beneficia convierte un animal vivo en producto, y ahí el negocio se juega en los kilos que se pierden entre el viaje, la faena y el lavado. El pesaje multipunto, el rendimiento de faena y la doble unidad de medida están diseñados y en cola.

Las dos se venden acompañadas, con nuestro equipo en la reunión, precisamente para poder decirte en la mesa qué está listo y qué viene. Por eso no tienen botón de compra directa como la línea de riego: no queremos que nadie contrate una promesa a ciegas.

Algo que aprendimos, y que quizá te ahorre el error

En una empresa que compra un sistema así hay dos compradores distintos, y no quieren lo mismo.

El dueño quiere la capacidad del rubro: la calculadora, la app del vendedor, lo que le acelera la venta. La usa él y la siente al día siguiente.

El área administrativa quiere orden: facturar sin errores, que el stock cuadre, cerrar el mes. Lo operan ellas, todos los días, y para ellas una herramienta nueva es trabajo nuevo hasta que demuestra lo contrario.

Nos pasó vender el paquete completo al dueño y esperar que el área lo adoptara sola. El dueño seguía entusiasmado y el área rebotó. No fue un problema del producto: fue nuestro, de cómo lo presentamos. Hoy lo tenemos en cuenta desde la primera reunión, y por eso insistimos en acompañar la puesta en marcha en vez de entregar accesos y desear suerte.

¿Cómo serás el próximo?

No hay una lista cerrada de rubros. Hay un equipo que construye y una forma de trabajar que ya se repitió.

  1. Miramos tu operación, no tu organigrama. Qué se decide en el día, dónde se pierde plata, qué se anota en un cuaderno porque el sistema no lo entiende.
  2. Buscamos la unidad que tu rubro usa de verdad. Casi siempre ahí está el problema: el sistema cuenta en unidades y tú vendes en rollos, kilos, hectáreas, cuotas u horas de máquina.
  3. Construimos esa capacidad, no un reporte que la disimule.
  4. Medimos tus topes con tu propia operación durante los primeros meses, y los ajustamos con lo que pasó, no con lo que suponíamos.
  5. La línea queda en el producto, se mantiene y mejora, y tu configuración sigue siendo tuya.

Y para no sorprender a nadie: una línea nueva es un proyecto. Incluye asesoría, diagnóstico, reuniones, diseño, viajes cuando hace falta, desarrollo e integraciones. Tiene costos y decisiones que se conversan de frente con los responsables del producto, no en un carrito de compras.

Tampoco tomamos todos los rubros a la vez. Preferimos pocos clientes profundos antes que muchos superficiales, porque una línea se construye mirando de cerca y eso no se puede hacer en veinte lugares al mismo tiempo. Si te decimos que tu rubro entra más adelante, es eso literalmente.

Si tu operación no encaja en ninguna de las tres, esa conversación es el primer paso. Agenda una llamada y la tenemos.